Lectura previa del paisaje
Antes de mover un alambre, se recorre el campo y su entorno para ubicar parches de vegetación nativa, bajos, caminos y alambrados que hoy cortan el paso. Esa lectura evita gastar esfuerzo en lugares donde el corredor no tiene a dónde conectarse.
Cercos que dejan pasar
El kit modular combina varillas vivas de especies nativas, alambre de púa de baja altura y pasos de fauna prefabricados. La idea es simple: mantener el ganado adentro sin cerrar el paso a pequeños mamíferos y aves caminadoras que usan el borde del potrero.
Vegetación con función, no decorativa
Cada especie se elige por su aporte a la conectividad: cobertura, altura, tolerancia al pastoreo y comportamiento en suelos serranos o de llanura. No se planta por estética, se planta para que el corredor funcione con el manejo que ya existe.
Indicadores acordados con el productor
El plan define qué se va a mirar y con qué frecuencia, siempre en diálogo con quien toma las decisiones del campo. Sin indicadores claros, cualquier ajuste posterior queda librado a la intuición y se pierde el hilo de lo planificado.
Monitoreo que cierra el ciclo
Las cámaras trampa no se colocan al azar: responden a preguntas concretas y a sitios elegidos durante el relevamiento. La revisión mensual o estacional permite volver sobre el cerco, la revegetación y los pasos de fauna con información en mano.
Ajustes sin frenar la producción
El método asume que el campo sigue funcionando: se trabaja por etapas, se respetan los tiempos de pastoreo y se priorizan intervenciones que no compliquen la rutina. Los cambios se incorporan de a poco, según lo que el paisaje y el equipo pueden sostener.